Mirar atrás siempre me provoca dos emociones: vergüenza y nostalgia.
La primera surge por el recuerdo -y tengo que decirlo, en ocasiones nada deseado- de momentos, frases o actuaciones que han tenido lugar y ahora me hacen lamentarme (pero esto tiene en ocasiones cierto punto cómico, eso no lo voy a negar).
La segunda la he escrito "a boleo", como quien dice. Es la palabra que apareció en mi cabeza al pensar en esa sensación: la sensación de haber vivido más de lo que parece, de sentir que ha pasado demasiado rápido y de saber casi con certeza que una ha cambiado con cada uno de los días de su vida -sin excepción- y, claro está, echar todo aquello de menos. O por lo menos sonreír con dulzura al pensar en ello.
Ayer releía entradas antiguas... de hace dos años... ¡Dos años! Nada. Algunos dirán que un niño con dos años no ha vivido nada. Que yo dos años atrás no había vivido nada, y que de dos años a esta parte sigo sin haber vivido mucho. Pues hoy he hecho un repaso mental en la ducha...
Sigo enrojeciendo si me miran demasiado.
Todavía disfruto de la lluvia, y de la música. Aunque me pasa algo curioso: hace muchos meses que no mantengo uno de aquellos momentos de relax en mi cama, cerrando los ojos, con los cascos puestos, prestando atención a cada palabra. He perdido un hábito.
Hace esos dos años escribía casi todos los días y a penas leía. Últimamente leo tanto que es raro el momento en que me encuentro delante de esta pantalla o de mi libreta.
He conocido gente maravillosa. ¿¡Qué digo maravillosa!? Espectacular.
Hace una eternidad que no salto encima de mi cama. He perdido dos hábitos.
Si de algo estoy orgullosa (debido a lo que me ha costado) es de ser capaz de explicar cómo divido a las personas que pasan por mi vida: conocidos, compañeros, amigos, , almas gemelas y -dependiendo del azar- el amor de tu vida.
No logro ser una persona con un horario de sueño estable, lo cual me cabrea, pero no modifico, y vivo en un constante círculo vicioso que detesto.
La inseguridad sigue a mi lado, nunca me da vacaciones. Pero estoy aprendiendo a quererme más.
He pasado por mucho, que si me lo planteo en exceso me resulta poco pero suficiente.
He dicho adiós a algunas personas y hola a un yo más libre.
Algunas frases vinieron a mí, las acogí y ahora somos una.
Soy un poco más consciente de cómo funciona el mundo, y de lo mucho que desconocía a mis catorce.
He descubierto que adoro las metáforas, las conversaciones profundas y me siento muy bien, aunque sigo buscando la fórmula mágica para sentirme todos los días como esos en los que podría comerme el mundo.
Conservo y aumento (y lo más importante: tacho) cosas que hacer antes de morir en mi lista
Aún me cabreo por chorradas, aún lloro de vez en cuando, aún me derrito por el chocolate y aún estoy tras las líneas. Porque a pesar de todo, hay cosas que nunca cambian. Y en esencia, soy la misma, solo que con dos años más encima
No hay comentarios:
Publicar un comentario