Ella caminaba por la calle con la cabeza agachada y con el miedo pisándole los talones. Era frágil, pequeña e insegura.El amor o lo que ella creía que era, la había roto por completo y ella no se había preocupado en reconstruirlo o recoger los pedazos, de manera que siempre que alguien pasaba cerca no hacía más que pisarlos, y dolía, vaya que si dolía! No estaba ya lo bastante hundida como para partirse con los pedazos que aún quedaban de lo que fue su corazón.
Por otro lado no muy lejos de las mismas calles por donde ella camina, él pasa todos los días acompañado de sus amigos y de alguna que otra chica, con la sonrisa descolocada que las vuelve a todas locas, con paso seguro y el pelo bailándole al compás del viento.
"Ella se raja con sus problemas, él se los fuma" Ella se ahoga con sus propias lágrimas y él ahoga penas en un vaso de alcohol cada viernes noche.
Que ironía del destino que se cruzaran sus caminos!
No tenía nada que ver el uno con el otro, día y noche, calma y tempestad.. Y acabaron siendo tan iguales que la vida nunca más los separó
Sus recuerdos no estaban entrelazados, no eran en común pero eso nunca les impidió crear los suyo propios.
Y en este cuento tampoco hubo final feliz.
Desde entonces ella siempre le mira en blanco y negro porque los colores nos distraen de la realidad y ella no tenía otra realidad que su blanca sonrisa y sus negros rizos.
Y el nunca supo como mirarla sin partirla.
Y desde entonces cuenta la leyenda que..Hay amores ... que matan.
"Y amores que matan nunca mueren"
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